BARRANCO DE LAS BUITRERAS

Espectacular domingo el  que pasamos en el Rio Guadiaro , atravesando la garganta de las buitreras, no por conocerlo te deja de impresionar , cuando te encuentras entre esas grandes paredes, donde nunca entra el sol. Por algo está catalogado como monumento natural y conocido como la Catedral de los barrancos.

Desde aquí , Felicitar al grupo de barranqueros.

Juan Carlos nos deja sus impresiones.

Paco Barbero.

 

El pasado domingo 29 de junio, después de la magnífica experiencia de los barrancos del Río Verde, nos juntamos de nuevo casi el mismo grupo de ocho, Manoli, Paco Vera, Paco Barbero, Manolo y Manolín Polo, Antoñito Almazán, Antonio Serrano y un servidor, para descender el impresionante barranco de las Buitreras, en el malagueño río Guadiaro.

En mi caso era todo un reto imaginado desde hacía tiempo, porque durante mis doce años de vida en La Línea había ido a bañarme en varias ocasiones a la grandiosa poza final del descenso y me había imaginado acompañando alguna vez a esos extraños grupos de personas envueltos en trajes de neopreno, lanzándose por diversión desde más de diez metros de altura a las profundas aguas después de haber completado un impresionante recorrido vetado para todos los demás.

Pues bien, ahora, viviendo mucho más lejos, estar en Tiñosa me ha permitido hacerlo, dentro de un ambiente además estupendo, festivo y de colaboración entre todos, por lo que se lo agradezco al club y especialmente a Paco Barbero, que convierte en accesible para un día, una actividad tan especializada, en la que hay que conocer el camino, los accesos, el material y el tiempo necesarios, etc.

Gracias a eso nos pudimos plantear el “palizón” de irnos tan lejos para un día, porque efectivamente el barranco está lejísimos: después de más de tres horas y media de recorrido en coche y atravesando toda la Serranía de Ronda, llegamos por fin a la estación de Gaucín, que más bien podría llamarse la estación del quinto pino de Gaucín, porque no es precisamente un corto paseo lo que hay desde el pueblo. Sin embargo, las maravillosas vistas de los pueblecitos blancos del valle del Genal, las panorámicas del estrecho de Gibraltar con África al fondo o la riqueza natural de este confín de la provincia de Málaga, entre la sierra de Grazalema y los Alcornocales gaditanos, compensaron el tiempo que pasamos en los coches.

Por fin dispuestos a andar, nos aproximamos a la cabecera del barranco sorteando la primera aventura de la mañana, atravesar algunos túneles ferroviarios para llegar más rápido y cómodamente al inicio del descenso. Se trata del poco transitado ferrocarril de Ronda a Algeciras, por el que sospecho que muchos fines de semana veraniegos transitan por sus túneles más barranquistas como nosotros que pasajeros en sus trenes. Así que, aleccionados sobre movimientos de seguridad que debíamos hacer en caso de que coincidiéramos con un tren en algún túnel, los atravesamos rápidamente, algunos, como Manolín Polo, emocionadísimos ante tan excitante aventura. Poco antes de descender al barranco definitivamente, lo contemplamos desde el puente de los Alemanes, colgado decenas de metros sobre el cauce del río que casi no se deja ver, al cortar penosamente calizas durísimas, que parecen negarse rotundamente a desmoronarse, obligando al río a crear más  que un barranco, casi un angosto túnel entre estas formidables rocas.

Por fin en el cauce del río, bajo un puente del ferrocarril, nos pusimos nuestro equipo para iniciar el descenso. En un principio el barranco no parecía muy atractivo, porque las aguas están estancadas, turbias y calientes, fruto desgraciadamente de los vertidos al río que se siguen produciendo en los pueblos de la comarca; pero en seguida el recorrido se hizo espectacular: el agua empezaba a correr y algunos manantiales le aportaban pureza, mientras el cauce se encajaba entre vigorosas paredes de roca.

El kilómetro de descenso por el barranco que puede haber en la zona más estrecha, bajo el puente de los Alemanes, es un recorrido hermosísimo y muy diferente a otros barrancos como los del río Verde. Apenas hay cortinas de trabertino, porque el barranco es tan estrecho que casi no hay sitio para que se depositen y se nota además que el río que lo ha labrado es muy poderoso, ya que estamos en su curso medio que recoge grandes trombas de agua de alguna de las sierras más lluviosas de España, como la de Grazalema. Pasar por este barranco es pasar por el camino de un gigante, que parece haberse abierto paso a duras penas, entre calizas jurásicas muy potentes, labrando marmitas y abriendo puertas y ventanas allí donde la roca es menos resistente a la erosión.

Al tratarse del curso medio del río, su descenso tiene mucha menos pendiente que el curso alto de un barranco como el que hicimos en el arroyo Lentejí, por lo que aquí, en las Buitreras, abundan largos tramos donde se puede nadar flotando boca arriba disfrutando de las impresionantes formaciones rocosas. Los troncos y las ramas arrastradas por el río y colgadas de cornisas o empotradas en grietas de las rocas a más de diez metros de altura sobre el nivel de agua que atravesamos, nos recordaron  lo dramático que llega a ser este río en caso de crecida, haciéndonos sentir como insignificantes hormigas cuando atravesábamos algunas cuevas dejándonos llevar por el agua.

Tengo que agradecer también a Antonio que nos invitara a disfrutar más lentamente de los recovecos del barranco, metiéndonos bajo rocas empotradas o disfrutando de imágenes tan espectaculares como la de un amonites gigantesco hundido en una roca, como un recuerdo de su lejano origen marino. Otra imagen impactante fue la de una “pequeña” china atascada a unos veinte metros de altura al quedarse empotrada entre las dos paredes del barranco después de desprenderse, formando un enorme puente natural bajo el que pasamos….. no sé qué hubiera hecho esa “piedrecita” con nuestros cascos, cráneos, cuerpos y almas de habernos caído encima.

Pasado este tremendo estrecho, el barranco terminó abriéndose hasta llegar a la larga y también maravillosa poza final, que nos sirvió para acabar dulcemente (Antonio y Paco Vera no tan dulcemente después de su altísimo y algo inclinado salto final). Mi estado de éxtasis no me permitió reparar en que a las supuestas bolsas impermeables que llevaba  les había entrado agua sobre la que flotaban objetos como mi cartera o mi móvil, por lo que me he quedado sin él y, lo que es peor, sin contactos, así que agradecería que quienes tengáis mi teléfono me mandéis un mensaje o whatsapp para recuperaros.

De todas formas ya estoy deseando hacer el siguiente, así que gracias por todo compañeros y nos vemos en el próximo, un abrazo.

Juan Carlos

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