TRAVESÍA POR LA ALPUJARRA

            El pasado viernes 20 de febrero  nos encaminamos hacia Órgiva seis miembros del club (Juan, Paco, Ángel de la Mata, acompañados de sus encantadoras esposas, Ángel Muñoz, Agustín y un servidor) con la intención de hacer esta novedosa travesía dirigida por La Verea que iba a desarrollarse por la siempre impresionante Alpujarra granadina.

            Después de parar en Riofrío, a iniciativa de Paco, con el objetivo de prepararnos con algo dulce para la travesía (lo cual nos hizo pensar de inmediato en Antonio Almazán), llegamos a Granada para dejar a las señoras, que habían escogido una actividad para el sábado también fatigosa, pero con menos olor a sudor que la nuestra: visitar la ciudad de la Alhambra. 

 

            Por fin en Órgiva, suculenta cena con servicio de origen rumano bastante dulzón, casi empalagoso y ¡a dormir!, haciendo la digestión durante tres o cuatro horas en suelo duro. Así que nos levantamos con los estómagos un poquito hinchados, al menos un servidor, y supongo que bastantes más por lo que escuché y olí en los primeros kilómetros del recorrido. Supongo que el caldito caliente de las tres y media de la madrugada no hizo más que agravar el problema al mezclarse con la maldita lechuga de la ensalada de la cena, produciendo bombas de relojería intestinal.

            Escribiendo ya en serio, siempre me impresionan algunos participantes de la travesía que merecen nuestra admiración por el increíble valor que demuestran a pesar de las dificultades con las que se plantean hacer el recorrido. En esta ocasión ha sido una participante bajita, de pasos muy cortos, que observaba vivaz a todos los participantes al inicio de la jornada en Órgiva, dando rápidas vueltas entre nosotros, como si hubiera dormido doce horas y tuviera ganas de comerse el mundo. Nos adelantaba en las subidas y en las bajadas, de noche y bien entrada la tarde, se salía del camino para observar algo o para oler los perfumes que la naturaleza iba dejando aquí o allá, no tenía tiempo ni de pasar por los avituallamientos, por lo que de vez en cuando le dejábamos algo de comida que nos había sobrado, y todo eso ¡preñada!. Yo se lo noté desde el principio porque estaba demasiado gordita, pero los expertos en estos temas me lo confirmaron después: estaba en avanzado estado de gestación y, posiblemente, como mínimo, de trillizos. A ocho kilómetros del final, cuando nos quedaba la parte más llana y fácil del recorrido, por fin alguien de la organización pudo meterla, extenuada, en un todoterreno para llevarla a Órgiva aunque ella quería continuar con nosotros…. ¡Cuídate mucho cariño!, espero que tengas unos cachorros tan sanos y vivos como tú.

            Escribiendo ya con más formalidad, la travesía me ha parecido uno de los recorridos más espectaculares que he podido hacer en este tipo de pruebas. El paso por diez encantadores pueblos alpujarreños, con una magnífica arquitectura popular, las preciosas acequias entre árboles monumentales, las amplias vistas de valles coronados por montañas nevadas, los viejos y elegantes caminos rurales o carihuelas, … nos hicieron olvidar los 56 kilómetros y más de 2000 metros de desnivel acumulados de un recorrido bastante duro pero hermosísimo. Mis felicitaciones a La Verea por organizarlo y que se repita.

            Mis felicitaciones también a todo el grupo del club, porque acabamos muy dignamente la travesía, aunque, como Juan nos recordó, no sólo hay que terminar dignamente, sino también parecerlo, evitando salir del coche agarrotados, por lo que minutos antes de llegar a Córdoba hice unos estiramientos en el coche de Ángel para salir como la Pávlova en el Lago de los Cisnes.

            Felicidades especialmente a Agustín, que, a pesar de haber empezado con las travesías hace unos meses y de oxigenarse con humo de Marlboro, termina estas pruebas estupendamente y se va a Fernán Núñez sin descansar porque tenía que vestirse de caníbal y supongo que además comportarse como tal en el carnaval de su pueblo …. Acertadamente Juan le propuso completar su maquillaje pintándose unos ojos bien abiertos en sus párpados cerrados …. Ya nos contarás Agustín.

            El resto tuvimos un regreso algo más plácido a Córdoba (salvo los conductores), parando sólo, a iniciativa de Paco,  con el objetivo de recuperarnos con algo dulce de la travesía (lo cual nos hizo pensar de inmediato en Antonio Almazán).

 

Juan Carlos Santiago

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