AVENTURA BANDOLERA

Fin de semana para no olvidar. La  idea llevaba ya algunos años rondando la cabeza y cada año tomaba más fuerza, solo necesitaba alguien que dijera ¡te acompaño, vamos hacerla juntos! Y allá por Noviembre cuando se abrieron las inscripciones, Andrés me dijo ¡vamos a por la ultra de los bandoleros! Y esta vez ya no lo dude teníamos que apuntarnos. Una prueba hecha por gente amiga y un club importante con muchos momentos compartidos en años de travesías. 
 

 Pero te apuntas y realmente no te das cuenta de donde te has metido hasta que se acerca la fecha y compruebas que es una locura, 155 km. y casi 12.000 m. de desnivel acumulado, que aunque uno está curtido en cientos de travesías, en los cientouno de Ronda, en algún que otro trail tampoco le dedico el tiempo necesario de entrenamiento que este reto necesita. Y te entra la duda, ¿seré capaz de terminarla? Y le preguntas a unos y a otros y te animan, y te dicen Ángel tu puedes, pero ya no lo ves tan claro. Y llegó el día, y me pongo nervioso raramente en mi pero es la verdad, no lo veía claro. Y partimos a mediodía del viernes hacia Prado del Rey Andrés y yo, Toñi y Cati se irían el sábado para acompañarnos por parte del recorrido. El ambiente es extraordinario, el pueblo está radiante y te contagias de él, ya no hay marcha atrás, hay que darlo todo. Las seis de la tarde en punto los trabucazos bandoleros dan la salida y comienza la aventura. Hasta El Bosque terreno fácil, lo único de todo el recorrido. Empezamos bien, trotando sin forzar, pero ganando tiempo para no tener problemas en el corte del Boyar, pasamos Los Llanos del Campo y llegamos al Puerto sobrados de tiempo. Ya hacía frío pero no sabíamos bien lo que nos esperaba, ponemos rumbo a Villaluenga y empieza la odisea, en la parte alta comienza una inesperada lluvia, niebla, viento, barro y unas condiciones que daban miedo, no veo bien con las gafas empañadas y sin ellas peor, se me rompe un bastón, llega un momento que me entra pánico, no veo a Andrés, lo llamo desesperado, ¡Andrés no te vayas!, segundos angustiosos, que se calman al oír su voz, ¡Ángel estoy aquí!. Cambiamos de frontal, ya veo mejor, pero seguidamente nos perdemos, confundimos las balizas y nos salimos del recorrido bueno, nos damos cuenta, retrocedemos y cogemos el camino correcto, pero nos dejamos parte de fuerzas y 40 minutos perdidos. La bajada a Villaluenga para llorar, con agua, y barro y muy peligrosa. Habíamos tardado 5 horas en 12 km. El control estaba a tope de gente, según me dijeron 80 abandonaron allí, entre ellos Andrés, iba con dolor de rodillas y no se veía con fuerzas para continuar, me insinúa que me quede con él, que ya no me iba a dar tiempo de llegar a Ronda, pero no lo dudo, pregunto a amigos si puedo llegar y me dicen que sí. Salgo a las 4 de la madrugada de Villaluenga y a las 9’20 estoy en Ronda, por el camino tan solo me acompaña en el inicio Juanma de los Kabras, pero subiendo el Puerto del Correo ya no lo veo más, su ritmo era más alto. Empieza a amanecer por los Llanos de Libar, Montejaque, su ermita y Ronda al fondo, ya terreno legionario me animan y entro en el segundo corte con tiempo de sobra. Cambio de ropa y de día se renuevan las fuerzas, Cati y Toñi están de camino nos encontraremos en Benaojan, y me sube la moral, el terreno también acompaña, Jimena de Libar y Cortes de la Frontera caen a buen ritmo, aunque no puedo correr mucho, andando voy muy rápido, ya van más de 100 km. y seguimos, pero empiezo a tener peores sensaciones me siento algo mareado y el estómago ya no admite comer, mala señal. Tramo duro el siguiente desde Cortes a Villaluenga y me uno a tres sevillanos que hacemos el trayecto juntos y voy salvando el desnivel holgadamente. Se hace de nuevo la noche y el Puerto del Correo nos espera de nuevo, lo cruzo pero me deja tocado, mareado y con ganas de vomitar. Llego a Villaluenga y nada más verme Cati me dice ¡vas mal, hasta aquí has llegado! No tienes que demostrar nada, 115 km. ya está bien, vámonos al Hostal, me resisto a abandonar, por entonces ya sabía del seguimiento que me estaban haciendo todos los compañeros del club y los mensajes de ánimo que me mandaban, no podía defraudarlos. Toñi y Andrés se volcaban en atenciones para que no me faltara de nada, me traían comida, me llenaban las botellas de agua, me ayudaban a cambiarme de camiseta, no podía tirar la toalla y tras la duda inicial tomo rumbo a Grazalema, voy solo, empiezo tranquilo, la noche fría no estaba tan mala como la anterior, apenas había niebla y todo mi afán era no perder las balizas, aunque parezca extraño disfrute la subida, del silencio de la noche, me sentí a gusto y sabia que llegando a Grazalema lo conseguiría. La bajada se me hizo larga pero ya estaba allí Cati esperándome, se quedo muy preocupada con mi partida, lo siento por ella, pero tenía que darlo todo. El resto que quedaba era ya favorable, Benamahoma y El Bosque, lo iba a conseguir después de 38 horas y 41 minutos. Y de nuevo Cati en meta esperándome desde las 7 de la mañana, que beso nos dimos, no se olvidará nunca, narrado por el gran Chito que nos esperaba y el grito de guerra BANDOLEROS A LA BUCHACA.

Mi agradecimiento más sincero a Andrés, fue un apoyo fundamental para conseguir esta aventura, una parte del éxito es suyo. A Toñi por estar siempre al lado de Cati acompañándola y animándome en todo el recorrido. Y a todos los compañeros del Tiñosa que los tuve casi las 40 horas mirando el ordenador comprobando los tiempos de paso y mandándome ánimos, gracias a todos de corazón. Y por último a Cati, mi compañera de fatigas que más sufre con mis locuras y aunque me dice que ya no haga más tonterías, siempre la convenzo para que me acompañe y viva en primera persona todos estos momentos.

Ángel de la Mata

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